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Ser Madre: Educar a una criatura y contribuir a su desarrollo y bienestar, disfrutar viendo su crecimiento y descubrimientos puede ser una gran satisfacción y una fuente de realización personal. Pero ser madre también conlleva una gran responsabilidad y renuncias personales. Se ha escrito mucho sobre la maternidad, la mayoría de las veces, sin tener en cuenta la situación, la opinión y los sentimientos de las mujeres. Desde hace tiempo, hemos empezado a cuestionar el llamado "instinto maternal", que nos asignaba a todas tanto el deseo de ser madres como la atención, los cuidados y la educación de las criaturas. Para una "buena madre", muchas veces hemos asumido determinadas normas y pautas sociales sin cuestionarlas, creyendo procurar el bienestar de las hijas e hijos, pero sin tener en cuenta el nuestro.
Con frecuencia nos sentimos culpables por no dedicarles más tiempo cuando trabajamos fuera de casa o realizamos actividades para nosotras mismas. Cuando nuestras hijas e hijos no cumplen con aquello que se espera socialmente, pensamos que somos las responsables y que algo habremos hecho mal. Sobre las madres recae con dureza la sobreexigencia y el juicio social, "las mujers tenemos la culpa porque somos las que educamos". Debemos recordar que las madres no somas las únicas responsables de la educación y el bienestar de las hijas e hijos y que nuestro "sacrificio" puede crearles un sentimiento de deuda. Las mujeres que dedicamos la vida al cuidado de nuestras hijas e hijos, podemos deprimirnos cuando se independizan y se van de casa. A veces, coincide con la menopausia, por eso, muchos de los problemas de tristeza, vacío e insatisfacción, se han atribuido a este proceso biológico, en lugar de buscar su origen en el sentimiento que provoca perder la función que ha sido el centro de nuestra vida.
Así, en algunos casos se inicia un proceso de medicalización (buscamos ayuda en la consulta médica, dónde se nos ofrecen diversas soluciones farma-cológicas), cuando en realidad lo que necesitamos es replantearnos qué hacer con nuestra vida. Otras mujeres es a partir de esta etapa cuando hemos podido disfrutar de muchas cosas que habíamos postergado. Es un buen momento para empezar a dedicarnos tiempo a nosotras mismas, a pasarlo bien, practicar deportes, viajar, a recuperar viejas amistades, aprender... Además, madres e hijas necesitamos reflexionar para entender las limitaciones de los roles impuestos y encontrar formas de sentirnos más libres, sin ejercer tanta presión y exigencia unas sobre otras.
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