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Nuestra Vida Cotidiana

Muchas mujeres dedican la mayor parte de su tiempo al trabajo doméstico. Este trabajo genera aislamiento social e insatisfacción, y es un quehacer repetitivo y monótono, nunca se termina y deja poco tiempo para otras actividades. A diferencia de otros, no está remunerado, no tiene horario ni vacaciones, ni genera derechos laborales. Además, no está valorado ni reconocido socialmente y, a veces, tampoco es tenido en cuenta por las personas para las que lo realizamos.

Ser ama de casa , implica la responsabilidad de la educación de las hijas e hijos, velar por el bienestar y la salud de toda la familia.

Además también puede suponer el cuidar de otros familiares, personas mayores o enfermas, soportando una gran carga física y emocional.

Poca gente entiende por qué muchas mujeres dedicadas por completo al cuidado de la familia y al trabajo doméstico, sufrimos depresiones, cuando contamos con todo lo que la sociedad considera importante para estar bien: una casa, un buen marido, recursos económicos y, además, nuestros hijos/as son estupendos/as. ¿Qué más podemos pedir?.

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Necesitamos un proyecto de vida propio que no esté en función de las personas que nos rodean. No existir únicamente como "hija de...", "mujer de...", o "madre de...", sino tener motivaciones, deseos propios, actividades para nosotras, tiempo para relacionarnos, poder tomar decisiones y dirigir nuestra vida de manera que estemos satisfechas y tengamos satisfacciones e ilusiones cotidianamente.

Las mujeres que tenemos un empleo solemos valorarlo como algo positivo para nuestra salud, ya que nos puede facilitar relacionarnos y ser más independientes económicamente. Sin embargo, hay puestos que solamente nos aportan la retribución económica y pueden suponernos mayor cansancio y tensión.

En muchas ocasiones, en nuestra profesión u oficio, nos sentimos tratadas de forma diferente a la de nuestros compañeros. A veces, sufrimos discriminaciones cotidianas durante la jornada laboral. Otras veces, la discriminación se traduce en cobrar sueldos inferiores por el mismo trabajo, tener más exigencias y más dificultades para ascender y vernos obligadas a tener que demostrar constantemente nuestra valía por ser mujeres.

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Con frecuencia los hombres no comparten la responsabilidad del trabajo doméstico y la educación de las hijas y los hijos, por lo que nos vemos obligadas a realizar una doble jornada, una en el centro de trabajo y otra en casa. Compaginar la familia con un empleo remunerado es muy complicado, no sólo por el número de horas que debemos dedicar a ambas jornadas, sino también porqué acabamos sintiéndonos culpables de no atender suficientemente a la familia.

En la actualidad, sobre las mujeres recaen nuevas y múltiples demandas sociales. Tenemos que triunfar en los estudios y la vida laboral, pero sin dejar de satisfacer las anteriores expectativas: estar "atractivas", ser buenas esposas, perfectas madres y amas de casa. Es el estereotipo de la "mujer moderna". Por eso, nos estresamos ante tanta demanda imposible de alcanzar.

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A pesar de esta sobrecarga, nos sentimos satisfechas de nuestra mayor autonomía y desarrollo y esto nos ayuda a negociar el reparto del trabajo del hogar y a vivir relaciones más igualitarias.

Si centramos nuestra vida y nuestras expectativas de realización personal únicamente en el cuidado de la familia o en el desarrollo profesional nos hace perdernos otros aspectos muy importantes de la vida y puede perjudicarnos.

Por el contrario, relacionarnos con personas que nos hacen sentirnos bien, que nos apoyan y quieren, con las que podemos compartir alegrias, proyectos, sueños y divertirnos, además de ser uno de los placeres más bonitos de la vida, nos ayuda a mantener nuestra salud mental.

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En los momentos de crisis, problemas y dificultades, el apoyo y la compañía de nuestras amigas supone una gran ayuda.

También el participar en actividades comunitarias de nuestro barrio, en organizaciones sociales y políticas, en asociaciones de mujeres, culturales, artísticas o de ocio.

RECUERDA
Poner un horario al trabajo doméstico nos permite tener tiempo para realizar actividades, formarnos, relacionarnos, divertirnos,...

Cuando tenemos que cuidar de otros familiares, personas mayores o enfermas, debemos plantearnos la posibilidad de buscar ayuda en las personas que nos rodean e informarnos de los recursos sociales disponibles.

Necesitamos cambiar nuestras actitudes y la organización de la vida laboral, social y familiar para que podamos desarrollar y disfrutar de diferentes facetas de nuestra vida.

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